martes, 7 de junio de 2011

Red de comunicadores

Angel Barriuso.-Comunicadores de Centroamérica y República Dominicana se unifican a favor de sus municipalidades

San José, Costa Rica.- Comunicadores de siete países de Centroamérica y el Caribe acordaron aquí el fortalecimiento de la Red Regional de Comunicadores Municipalistas con la finalidad de contribuir al desarrollo de los Gobiernos Locales del área y emprender acciones que favorezcan el acercamiento sostenido de las ciudadanías y los autoridades municipales a fin de que ambos sectores sean protagonistas del progreso de cada uno de esos pueblos.
El encuentro auspiciado por la Fundación DEMUCA, instrumento de cooperación técnica y financiera de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la procura que más que divulgar noticias, darle otro enfoque más humano y solidarios a las informaciones de las municipalidades para el ejercicio de un periodismo comprometido con las transformaciones necesarias que requieren los pueblos para su desarrollo.
Comunicadores de Costa Rica, Nicaragua, Honduras, San Salvador, Panamá, Guatemala y República Dominicana establecieron un firme compromiso con la Red Regional de Comunicadores Municipalistas y realizaron un llamado a los comunicadores de esos países a la integración solidaria para beneficio de cada una de las municipalidades que conforman la región.
En la Red Regional de Comunicadores Municipales se convirtió en una realidad a partir de 2010. Formada principalmente por los responsables de comunicación de las asociaciones nacionales de municipios, la Red ha sido promotora del intercambio de información, con el fin de ampliar la visión de su quehacer y contribuir a la construcción de una visión compartida del municipalismo.
Durante los tres días del encuentro se realizó un taller en creatividad y técnicas de producción radiofónica, con parte teórica y práctica, con el fin de fortalecer y mejorar la calidad del programa “Eco Municipal Centroamérica y el Caribe”, se produjeron cinco microprogramas de radio como resultado de la práctica del taller, con la participación de todos los asistentes al mismo, que reflejen su implicación en los contenidos recibidos y su aplicación a través de los diferentes géneros periodísticos.
De igual manera se crearon las pautas para la conformación de un espacio virtual de intercambio de materiales informativos entre los miembros de la red (y los que se vayan sumando a ella), en el sitio www.demuca.org, que conformen el concepto “Eco Municipal Digital”, así como una serie de pautas, recomendaciones y compromisos para el crecimiento y mejora permanente de la Red y sus productos, así como la creciente difusión de los mismos.
El encuentro estuvo bajo la dirección de Luis Bruzón Delgado, Coordinador Regional del Programa de Comunicación de la Fundación DEMUCA, quien presentó un enfoque de comunicación estratégica desde la Red de Comunicadores y participaron además Fran Sevilla, corresponsal de Radio Nacional de España para América Latina quien hablo sobre la experiencia de los corresponsales de radio; Juan Sepulveda Troncoso, ex director del programa Panorama en Costa Rica disertó sobre la creatividad en la radio y Gustavo Delgado habló sobre la importancia y proyección del “Programa Eco Municipal” Centroamérica y el Caribe para la promoción de las gestiones municipales.

lunes, 6 de junio de 2011

El cura de la aldea

Angel Barriuso. Con mucho gusto reproduzco el cuento "El cura de la Aldea", de E. O.Garrido Puello, ensayista, narrador, periodista y empresario, que nació en San Juan de la Maguna, al sur de República Dominicana, en 1893. El texto que comparto con ustedes lo he tomado del libro "Cuentistas dle Sur de la isla", publicado por el amigo Edgar Valenzuela. Espero les guste, corresponde al año 1976:
Hacía tiempo que la Parroquia estaba acéfala por el sorpresivo fallecimiento del venerable sacerdote que la servía con ejemplar consagración. A pesar de ser el pueblo un importante centro católico, la Cura tardaba demasiado en llenar el hueco, muy sensible, que había dejado el caritativo y bonbdadoso levita fallecido.
Por fin una mañana la población amaneció alborotada: la noche anterior había llegado un cura. El chismoso que lo vió se encargó de propagar la importante noticia, la cual corrió como un incendio. La curiosidad, quebró la indiferencia y con oficiosidad digna de mejor causa se trasladó con presteza a la casa curial para conocer al nuevo sacerdote, que ya algunos intrusos ponderaban como un portento.
La facha del Cura parecía, de primera intención, agradable y de buena calidad. Blanco, un poco rechonchón, cínico de expresión, estatura regular y bastante joven, recibió a sus nuevos feligreses con cortesía y estudiados gestos de simpatía. Los que se fisgaron entre sotanas y beatas lo encontraron de buen ver y se sugestionaron con u ploanta airoso y distinguido de caballero y sacerdote.
?Qué había detrás de gestos y modales amanerados? Pronto se supo. Lo que había debajo del sayo salió al exterior. Poco después de instalado, todavía sin haber soltado el polvo del otro curato, ya se insinuaba torpemente tratando de manejar las personas influyentes con el deliberado propósito de hacerse líder político. Al Director del preriódico local le ofreció subvención aparentando desinterés: pero dejando ver, de inmediato, sdus solapadas intenciones. Barajó proyectos y procuró inmiscuirse en todos los asuntos domésticos creyendo ese medio fácil para el logro de sus fines: aspiraba a eregirse en cacique del lugar.
A los campesinos, todavía imbuidos en la sencillez de su vida simple y aldeana, los motejaba de soquetes cuando le llevaban primicias, recibiéndolos con gestos despreciativos y algunas veces en envueltos en un poquito de burla. La arrogancia, su mal vivir y su despreocupación en los menesteres del culto iban echando agua sobre la ardorosa catolicidad de sus feligreses. A la fe ardiente y devota la iba sustituyendo la indiferencia. La desgana dejaba vacío el templo.
Desestimando el valor de las personas principales, se quiso adueñar por malas artes de la dirección temporal y espiritual del pueblo. La resistencia a su voluntad reveló una cualidad desconocida: intrigó con las autoridades para dañar a sus opositores.
Su engreimiento enseñó su verdadera fisonomía moral y su ambición las reconditeces de su conciencia llena de nubarrones. Con jactancia, muchas veces expresaba:
-Soy guapo, inteligente y buen mozo. Haré aquí lo que me dé mi real gana. A estos presumidos campesinos me los meteré debajo de la sotana.
La naturaleza lo había dotado de un privilegio: cantaba bien. Sabiendo que se admiraba su voz, ponía voluntad y orgullo cantando las misas como un homenaje y un cumplido a las damas asistentes a la iglesia, a las cuales miraba con desfachatez y lascivia. Su fatuidad no sólo se complacía en alardear de su voz y de su valor; también le gustaba huronear entre faldas y corpiños, contrastando su actitud equívoca con la mensedumbre franciscana y la dignidad de su antecesor. Su donjuanismo lo llevó a ser protagonista de sucios escándalos, de los cuales salía con la sotana manchada y la conciencia arrugada.
Al cura, que por su apellido Medina le venía su presunción de guapo -herencia de algunos crímenes familiares- la duración en la Parroquia y sus entronques, le exacerbaron sus engreimientos hasta provocar choques con funcionarios civiles. Un sábado, el tradicional día más ocupado del poblado, se presentó a la Alcaldía para hacer inscribir actos de su ministerio. El Secretario le informó muy amable y cortésmente, que el Alcalde estaba en audiencia y que de momento no se le podía atender. Se marchó con gesto de contrariedad y rezongando, regresado poco después con exigencias perentorias e invocando el cumplimiento de la Ley. El Alcalde en persona oyó la requisitoria y volviéndose hacia la fatuidad sacerdotal, respondió con todo enérgico:
-La Ley expresa lo que usted está invocando, sí señor; pero no dice en ninguna parte: Alcalde, suspenda la Audiencia para atender al sinvergüenza del Padre Medina.
Ante esta enérgica actitud, el Cura cerró la cola, tomó con desesperada violencia el camino de la retirada, murmurando entre dientes:
-El Alcalde estó hoy de mal genio.