lunes, 24 de mayo de 2010

El gigante Verlioka

Me confieso un seguidor de la cuentística rusa, de los pre y de los de la revolución bolchevique. Este corresponde a la antigua rusia, no a la socialista, pero lamento no darle su autor. Lo obtuve sin ello. Si uno de ustedes conoce el nombre de quien lo escribió nos lo hace saber. Gracias.

En tiempos remotos vivían en una cabaña un anciano con su mujer y dos nietas huérfanas, y tan preciosas y dóciles, que sus abuelos estaban constantemente alabándolas.
Un día el anciano sembró en su huerto guisantes. Los guisantes crecieron y se cubrieron de flores; el anciano contemplaba su huerto con gran satisfacción, pensando para sus adentros:
«Durante todo el invierno próximo podré comer pasteles con guisantes».
Pero, para desgracia del anciano, los gorriones invadieron el huerto y empezaron a picotear los guisantes. Viendo en peligro su cosecha, mandó a su nieta menor que espantase los gorriones, y ésta, provista de una rama seca, se sentó en el huerto al lado de los guisantes y empezó a amenazar a los pájaros malhechores, gritándoles:
-¡Fuera, fuera, gorriones! ¡No os comáis los guisantes de mi abuelito!
De pronto se oyó un espantoso ruido por el lado del bosque y apareció el gigante Verlioka. Era de un aspecto terrible: tenía un solo ojo, la nariz como un garfio, la barba como un haz de paja, el bigote de una vara de largo y la cabeza cubierta con púas de puerco espín; andaba apoyándose en un enorme cayado y sonreía con una sonrisa espantosa.
Cuando se encontraba con algún ser humano lo estrechaba entre sus robustos brazos hasta que le hacía crujir los huesos y lo mataba. No tenía piedad ni de viejos ni de jóvenes, y lo mismo acometía a los cobardes que a los valientes. Apenas Verlioka divisó a la nieta del anciano, la mató con su cayado.
El abuelo esperó un rato a la niña, y al ver que no volvía, envió a buscarla a su nieta mayor; pero Verlioka la mató también.
El anciano, cansado de esperarlas, perdió la paciencia y dijo a su mujer:
-¿Por qué tardan tanto en volver las niñas? Se habrán entretenido charlando con los mozos; mientras tanto los gorriones devorarán mis guisantes. Ve y llámalas a casa.
La anciana bajó de su lecho, sobre la estufa, cogió un bastón, salió al patio y se encaminó al huerto, donde se encontró a sus nietas sin vida; al percibir a Verlioka comprendió que aquella desgracia era obra del gigante, y, llena de dolor y de ira, se abalanzó a él y se agarró a sus barbas, con lo que Verlioka la mató con mucha más facilidad.
En tanto, el anciano, lleno de impaciencia, se levantó de la mesa, rezó sus oraciones y se fue despacito al huerto para ver lo que les había sucedido a su mujer y a sus nietas. Una vez allí vio a sus queridas niñas tendidas en el suelo como si durmiesen tranquilamente; pero una de ellas tenía toda la frente ensangrentada y en el cuello de la otra se veía la señal de cinco dedos; en cuanto a la anciana, estaba tan destrozada que era imposible reconocerla.
El desgraciado viejo lloró con desconsuelo, gimiendo y lamentándose durante un largo rato; pero poco a poco se tranquilizó, volvió a su cabaña, cogió un cayado de hierro y, lleno de ira y de ideas de venganza, se dirigió en busca de Verlioka para matarlo.
Después de andar bastante tiempo llegó a un estanque donde estaba nadando una Oca sin cola, la cual al ver al anciano empezó a gritarle:
-¡Así! ¡Así! Estaba segura de que vendrías; por eso te esperaba. ¿Cómo te va, abuelo?
-Buenos días, Oca. ¿Por qué me esperabas?
-Porque sabía que no perdonarías ni aun al mismo Verlioka la muerte de tu mujer y de tus nietas.
-¿Y tú conoces a ese monstruo?
-¡Ya lo creo! ¿Cómo no he de conocerle? Me acuerdo muy bien del día en que se puso a pegar en este mismo sitio a un desgraciado. Yo entonces tenía la costumbre de decir ¡ay!, ¡ay!, y mientras Verlioka se divertía en la orilla, yo le gritaba sentada en el agua: «¡Ay!, ¡ay!». Entonces él, después de matar a aquel pobre hombre, corrió a mí, gritándome: «¡Yo te enseñaré a defender a los demás!». Y me cogió por la cola. Pero yo nunca he sido cobarde y, haciendo un esfuerzo, me escapé, dejando mi cola entre sus manos espantosas. Claro está que la cola no es una cosa imprescindible; pero, de todos modos, siento haberla perdido y nunca se lo perdonaré a Verlioka. Desde entonces no soy tan tonta, y ya no grito «¡Ay!, ¡ay!», sino que siempre apruebo: «¡Así!, ¡así!, ¡así!»; de lo que resulta que vivo más tranquila y la gente me respeta más. Todos dicen: «Esta Oca no tendrá cola, pero es muy lista».
-Está bien -dijo el anciano-; entonces, ¿podrás enseñarme dónde vive Verlioka?
-¡Así! ¡Así! -contestó la Oca, saliendo del agua, y balanceándose sobre sus torpes patas se encaminó por la orilla, delante del anciano.
Así anduvieron hasta que se encontraron en el camino una Cuerdecita, que les dijo:
-Buenos días, abuelito.
-Buenos días, Cuerdecita.
-¿Cómo estás? ¿Adónde vas?
-Estoy ni bien ni mal y voy a castigar a Verlioka, quien ha ahogado a mi vieja mujer y matado a mis dos nietas. ¡Tan hermosas y buenas como eran!
-Conocía a tus nietas y a tu mujer y quiero ayudarte. ¡Llévame contigo!
El anciano pensó: «¡Quién sabe! Quizá me sirva para atar a Verlioka». Y contestó:
-Pues bien, ven con nosotros si conoces el camino.
La Cuerdecita se arrastró tras ellos como si fuese una culebra. Anduvieron los tres un buen rato y vieron un Pisón tendido en la carretera, el cual les dijo:
-Buenos días, abuelito.
-Buenos días, Pisón.
-¿Cómo estás? ¿Adónde vas?
-Estoy ni bien ni mal y voy a castigar a Verlioka, que ha ahogado a mi vieja mujer y matado a mis dos nietas. ¡Si supieses qué hermosas y buenas eran!
-Llévame contigo y te ayudaré.
-Bueno, anda si conoces el camino -le dijo el anciano, pensando: «Realmente, el Pisón podrá ayudarnos mucho».
El Pisón se levantó, se apoyó con el asa en el suelo y se puso a caminar a saltos. Así anduvieron hasta que encontraron una Bellota, que les dijo:
-Buenos días, abuelito.
-Buenos días, Bellota.
-¿Adónde vas?
-Voy a matar a Verlioka; no sé si lo conocerás.
-Ya lo creo que lo conozco. Es necesario castigarlo; llévame contigo y te ayudaré.
-Pero tú, ¿de qué me vas a servir?
-No me desprecies, abuelito. Acuérdate del proverbio que dice: No escupas en el pozo, porque tendrás que beber su agua.
El anciano pensó: «No hay inconveniente en que venga con nosotros; cuanta más gente haya, mejor será».
Y luego, en alta voz, dijo:
-Vente detrás.
Pero la Bellota se puso a saltar delante de todos.
Al fin llegaron a un espeso bosque y vieron una cabaña en cuyo interior no había nadie. La lumbre del horno estaba apagada y sobre el hogar había un puchero lleno de gachas de mijo.
La Bellota se metió de un salto en el puchero, la Cuerdecita se tendió en el umbral de la puerta, el Pisón se subió encima de ésta, la Oca se sentó detrás de la estufa y el anciano se escondió en un rincón al lado de la puerta.
Pronto llegó Verlioka, echó un haz de leña al suelo y se puso a encender la lumbre del horno. Entonces la Bellota, desde dentro del puchero, empezó a cantar:
-¡Pi, pi, pi, han venido a matar a Verlioka!
-¡Calla, papilla de mijo, o te echaré en el cubo! -exclamó Verlioka.
Pero la Bellota no le obedeció y siguió cantando su canción. Verlioka se enfadó, cogió el puchero y de un golpe vertió las gachas en el cubo. Al choque, la Bellota saltó y fue a dar en el único ojo de Verlioka, dejándole ciego. El gigante quiso escapar y echó a correr; pero apenas llegó al umbral, la Cuerdecita se le enredó a los pies y lo tiró al suelo.
El Pisón saltó de la puerta, y el anciano se precipitó sobre Verlioka desde el rincón donde estaba escondido y ambos se pusieron a pegarle. Mientras tanto, la Oca, sentada detrás de la estufa, aprobaba diciendo: «¡Así!, ¡así!, ¡así!».
Esta vez no le sirvió a Verlioka su fuerza, pues el anciano, con la ayuda de sus buenos amigos, logró matarlo y librar a la gente de un monstruo espantoso.

jueves, 13 de mayo de 2010

Democracia

Por considerarlo de interés e igualmente brillante me permito compartir con ustedes este enfoque sobre la democracia, su origen y evolución.

Samuel Quilombo

Me gusta cómo Jacques Rancière, en "El odio a la democracia" (2005), le da vueltas a un concepto tan manoseado, puliéndolo hasta llegar a su esencia. Traduzco de la versión original francesa, que es la que tengo. Los subrayados son míos."He aquí el fondo del problema. Existe un orden natural de las cosas según el cual los hombres que se reúnen son gobernados por aquellos que poseen los títulos para gobernar. La historia ha conocido dos grandes títulos para gobernar a los hombres: uno que obedece a la filiación humana o divina, esto es, la superioridad en el nacimiento; y otro que responde a la organización de las actividades productivas y reproductivas de la sociedad, esto es, el poder de la riqueza. Habitualmente, las sociedades son gobernadas por una combinación de estas dos potencias las cuales son reforzadas, en proporciones diversas, por la ciencia y la fuerza. Pero si los ancianos deben gobernar no sólo a los jóvenes, sino también a los sabios e ignorantes, si los sabios deben gobernar no sólo a los ignorantes sino a los ricos y a los pobres, si deben hacerse obedecer por quienes detentan la fuerza y hacerse comprender por los ignorantes, hay algo más, un título suplementario, común a quienes poseen todos estos títulos pero común también a quienes los poseen y a quienes no los poseen. Ahora bien, el único que queda es el título anárquico, el título propio de aquellos que no tienen más título para gobernar que para ser gobernados.Es esto lo primero que la democracia quiere decir. La democracia no es ni un tipo de constitución, ni una forma de sociedad. El poder del pueblo no es el de la población reunida, de su mayoría o el de las clases laboriosas. Es simplemente el poder propio de quienes no tienen más título para gobernar que para ser gobernados. No podemos librarnos de este poder denunciando la tiranía de las mayorías, la estupidez de los toscos animales, o la frivolidad de los consumidores. Porque entonces habría que librarse de la misma política. Ésta no existe a menos que exista un título que se añada a aquéllos que funcionan en lo ordinario de las relaciones sociales. El escándalo de la democracia, y del sorteo del cual ella es su esencia, es revelar que este título no puede ser sino la ausencia de título, que en última instancia el gobierno de las sociedades sólo puede basarse en su propia contingencia. Hay personas que gobiernan porque son los más viejos, los mejores nacidos, los más ricos o los más sabios. Hay modelos de gobierno y prácticas de autoridad que se basan en tal y cual distribución de lugares y competencias. Es la lógica que he propuesto pensar bajo el término de policía. Pero si el poder de los ancianos debe ser algo más que una gerontocracia, el poder de los ricos algo más que una plutocracia, si los ignorantes deben comprender que tienen que obedecer las órdenes de los sabios, su poder debe basarse en un título suplementario, el poder de aquellos que no tienen ninguna propiedad que les predisponga más a gobernar que a ser gobernados. Debe convertirse en un poder político. Y un poder político significa, en última instancia, el poder de quienes no tienen una razón natural para gobernar sobre los que no tienen una razón natural para ser gobernados. En definitiva, el poder de los mejores sólo puede legitimarse por el poder de los iguales.Esta es la paradoja con la que se encuentra Platón al tratar el gobierno del azar y que, en su recusación furiosa o bromista de la democracia, debe sin embargo tomarla en cuenta al hacer del gobernante un hombre sin propiedad al que sólo la fortuna lo ha llamado a ocupar ese lugar. Es lo que Hobbes, Rousseau, y todos los pensadores modernos del contrato y de la soberanía se encuentran por su parte a través de las cuestiones del consentimiento y de la legitimidad. La igualdad no es una ficción. Todo superior la sufre, por el contrario, como la más banal de las realidades. No hay amo que no se duerma y se arriesgue así a que su esclavo huya, no hay hombre que no sea capaz de matar a otro, no hay fuerza que se imponga sin que tenga que legitimarse, que por tanto reconozca, para que la desigualdad pueda funcionar, una igualdad irreductible. Desde que la obediencia debe pasar por un principio de legitimidad, desde que debe haber leyes que se impongan en tanto que leyes e instituciones que encarnen el común de la comunidad, el mando debe presuponer una igualdad entre el que manda y el que es dirigido. Quienes se creen astutos y realistas pueden siempre decir que la igualdad no es sino el dulce sueño angelical de los imbéciles y de las almas tiernas. Desgraciadamente para ellos, es una realidad que se verifica en todas partes y sin cesar. No hay servicio que se ejecute, no hay saber que se transmita, no hay autoridad que se establezca, sin que el amo tenga que hablar, por poco que sea,"de igual a igual" con aquel al que ordena o instruye. La sociedad desigual sólo puede funcionar gracias a una multitud de relaciones igualitarias. Esta intricación de la igualdad en la desigualdad es lo que el escándalo de la democracia viene a manifestar para hacer de ella el fundamento mismo del poder común. No es sólo, como suele decirse, que la igualdad de la ley esté ahí para corregir o atenuar la desigualdad de la naturaleza. Es que la "naturaleza" misma se desdobla, la desigualdad natural no se ejerce sino presuponiendo una igualdad natural que la secunda y la contradice. Imposible, si no, que los alumnos comprendan a los maestros y que los ignorantes obedezcan al gobierno de los sabios. Se dirá que para ello hay soldados y policías. Pero aún hace falta que éstos comprendan las órdenes de los sabios y el interés que hay en obedecerles, y así sucesivamente.Esto es lo que la política requiere y lo que la democracia le aporta. Para que haya política, hace falta un título de excepción, un título que se añada a aquéllos por los cuales las sociedades pequeñas y grandes se rigen normalmente y que en un último análisis remiten al nacimiento y a la riqueza. La riqueza persigue su crecimiento indefinido, pero no tiene el poder de excederse a sí misma. El nacimiento lo pretende, pero no puede hacerlo si no es al precio de saltar de la filiación humana a la divina. Entonces funda el gobierno de los pastores, lo que resuelve el problema, pero al precio de suprimir la política. Queda la excepción ordinaria, el poder del pueblo, que no es el de la población o el de su mayoría, sino el poder de cualquiera, la indiferencia de las capacidades para ocupar las posiciones de gobernante y de gobernado. El gobierno político tiene entonces un fundamento. Pero este fundamento también hace del mismo una contradicción: la política es el fundamento del poder de gobernar en su ausencia de fundamento. El gobierno de los Estados sólo es legítimo si es político. Y sólo es político si descansa en su propia ausencia de fundamento. Es lo que quiere decir la democracia entendida exactamente como "ley de la fortuna". Las quejas ordinarias sobre la democracia ingobernable nos reenvían finalmente a esto: la democracia no es ni una sociedad que haya que gobernar, ni un gobierno de la sociedad, ella es propiamente este ingobernable en el que todo gobierno debe descubrir, en definitiva, su fundamento."Fuente: http://www.javierortiz.net/voz/samuel/democracia

http://rebelion.org/noticia.php?id=105682

martes, 4 de mayo de 2010

Freddy Gatón Arce en la Feria del Libro

En Santo Domingo, capital dominicana, estamos celebrando la XIII Feria Internacional del Libro, dedicada al poeta dominicano Freddy Gatón Arce y, como país, a México. Y, ?quién fue este poeta nuestro? Después de la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, nuestro país atravesó por un corto tramo de inestabilidad política, de reajuste de sus fuerzas internas, hasta que en 1962 se convocó a elecciones presidenciales. Un golpe de Estado, en septiembre de 1963 corta la posibilidad de democratización, y dos años más tarde, 1965, estalla la llamada revolución de Abril, encabezada por un sector de las fuerzas armadas, aliado al partido derrocado en el 63, que procuraba precisamente el retorno a la constitucionalidad, a la vuelta al poder de los derrocados. En el 66 se producen nuevas elecciones presidenciales, y el país estuvo ocupado, hasta ese momento, por una llamada fuerza de paz, que los dominicanos conocimos como el ejército de ocupación procedente de Estados Unidos. En este contexto surgió el periódico vespertino El Nacional de !Ahora!, y fue dirigido, por mucho tiempo, por el poeta y abogado Gatón Arce, de quien fue su principal editorialista. El director general y propietario lo fue el doctor Rafael Molina Morillo. Aquel diario, su director y su equipo, como tal, hizo historia. A principios de los noventa hablé con esta importante figura respecto a la situación del periodismo dominicano, y lo resumió así: está poco humanizado, ha perdido cualidades, le falta humanizarlo. A continuación copio uno de sus poemas:
Rocío subrosa
Nosotros. Ya no sucede nada. La mar no tiene remordimientos y la brisa no la despeina. Un saludo queda suspenso en las miradas, en las búsquedas íntimas, y no hay más que nosotros. Nosotros: Vlia, tú y yo, que nada sabemos, ni siquiera sonreimos de una vida a otra, y pensamos como si fuéramos uno, uno solo que se desvive en el cielo, de todos los días nublados por azules. Nosotros ya no queremos ni siquiera mirarnos a través de las pupilas azules. Estamos como si fuéramos dos ojos, cuatro y cien corazones desplegados. Ya no podemos más, y Vlía y tú lo comprenden perfectamente. No nos encontramos ni en el cáliz de la redoma de la bruja cargada de lavandas. Creo que nuestros ojos están fatigados de las distancias recorridas, y que no podemos vindicamos en los sueños cargados de rocío febril. Iremos navegando en el mar de todos los sinsabores cuajados de dulzuras y de todas las sagrados mentiras. La vela que asoma a lo lejos Vlía y tú y yo, gaviota de horizonte se ha engrandecido de
vientos para adentrarse en la ría de canalados sentires. Nosotros, ¿qué esperamos de nosotros? ¿Y de ti? ¿Y deVlía? Estamos situados en la infinita distancia de la cercanía y ni siquiera sollozas. Las lágrimas se hicieron para la fuerza. Tendremos que inventar una nueva telepatía de las almas para encontrarnos extraterrenos, o subrosa como quieran los hados de todos nuestros deseos, de los deseos tuyos, de los deseos de Vlía. Ya no podemos cargarnos más de mentiras inclinadas de ojos y dedos de frentes cuidados de cabelleras invisibles. Debemos irnos viendo en ese mapa que carece de posición fisiológica: corazon. Quiero queremos tú y yo y Vlía lo sabemos bien: siempre lo hemos querido en todos los anhelos borrados de sueños que nos vayamos adonde tengamos lo que nadie sabe, lo que todos hemos sabido desde antes de conocernos. Porque ni tus ojos, ni los ojos de Vlía, ni los míos, están espejando nada, ni siquiera a nosotros, Vila. Yo quiero que lo sepas que lo sepamos ya nada acelera mi corazón.

jueves, 29 de abril de 2010

Un libro de Tejada Holguín

En la Feria Internacional del Libro que se celebra en Santo Domingo, capital dominicana, en estos días de abril hasta los primeros de mayo obtuve el libro "La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar", de Ramón Tejada Holguín. En 125 páginas podemos leer 13 historias bien contadas, con un concepto modernista, en una narrativa de fácil seguimiento, siempre sobre la textura de lo social y netamente urbano: la sociedad de hoy, de su generación.
Esta autor, con otros libros ya publicados, nació en San Francisco de Macoríos, provincia Duarte, en el nordeste de República Dominicana, en 1961. Es sociólogo, pero incursiona en la política, como crítica del quehacer cotidiano de nuestro sistema político, y podemos decir que se trata de una persona que ejerce su ciudadanía con plena conciencia de sus derechos y deberes.
Me gusta su estilo.
El libro recoge las siguientes títulos:
Así llenamos nuestros espacios temporales, La Mónica que me creó, La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar, Cuentos de Frank Ramírez Pérez, Encomio femenino, Los ojos de Sara, El recurso de la cámara lenta, Jon, María y las horas felices, La carta de... ?Sara?, X y Z, Recurrencias, Dominio de la nostalgia y Dinimuto hábitat.
Este libro fue editado por Forolibro, Dirección General de la Feria del Libro, 2010.

lunes, 19 de abril de 2010

El origen de la tierra

Este es un cuento criollo, cuyo autor ignoro. Pero lo reproduzco por su estilo, sencillez. Una buena muestra. El tema ha dado origen a distintas narrativas, y siempre muy buenas.

Cuentan que en el principio existía sólo Ñanderú, el dios creador, que se había hecho a sí mismo. Lo primero que creó fue el lenguaje, las palabras y a otros dioses para que lo hablaran: cuatro parejas que iban a tener hijos también dioses.
Ñanderú tenía un bastón, y quiso que la punta engordara, de allí salió la Tierra.
Para que la tierra no se moviera demasiado creó cinco palmeras inmortales, que se ubicaron
en el Centro, el Este, el Oeste, el Norte y en el Sur.
Al cielo lo apoyó en cuatro columnas de madera iguales a su bastón. Luego creó animales y plantas, como el Colibrí, la Víbora y la Cigarra. Primero cubrió a la tierra con una selva continua. Pero luego agregó campos, con árboles y a la Langosta, que en donde apoyaba su cola desaparecían los árboles y crecía pasto, creándose llanuras. Terminado esto llegó la Perdiz que ocupó dicho lugar. Luego Ñanderú creó al Tatú que vivía debajo de la tierra.
Le siguió la Lechuza, dueña de la oscuridad.
Pronto aparecieron otros animales, los hombres y mujeres.
Hecho esto el Dios Creador volvió al Cielo y dejó a cargo de la Tierra a los otros dioses.
Como algunas personas eran buenas y otras malas, los dioses hicieron cambios, por esta razón mandaron un diluvio. La gente buena subió al cielo y los restantes se convirtieron en:
ranas, peces, etc.
Luego Ñanderú pidió a uno de sus hijos, Jakaira, que hiciera de nuevo a la tierra, éste asignó esa tarea a su hijo Pa-pa Mirí. Éste amasó a la Tierra, la llenó de árboles y nuevos animales y plantas. Hizo ríos, arroyos y piedras.
Un día lo llamó su madre y dejó las cosas como estaban, formándose las montañas, restos de tierra y piedras.

miércoles, 14 de abril de 2010

Sobre don Aquiles Julián

Hace mucho lo conocí pero tenemos unos vínculos tan irregulares que posiblemente le pase por su lado sin que pueda reconocerme, y esto me importa poco. Cuanto me place es la labor que viene desarrollando en su calidad de “editor digitalizado”. ¿Qué está haciendo que me parece loable, importante y comparto con ustedes?
A través de nuestros correos electrónicos recibimos un libro digital, con muchas o pocas páginas, con temas de gran interés; pero la mayoría son libros de cuentos, una novela corta y en algunos reproduce poemas clásicos y modernos. Recoge autores nacionales y de cualquier otra parte del mundo, y recibimos esta publicación sin ningún esfuerzo.
Recientemente nos anunció una colección de narradores dominicanos, de los de hoy, de ayer, anteayer y de los de siempre. Es la tendencia, leer a través de la pantalla de nuestro monitor libros, artículos, informaciones, recibir el impacto de la modernidad. Y si alguien, en este caso Aquiles, decidió hacerlo por cuenta propia, sin pensar si quiera en ganarse unos centavos en esto, lo celebro, lo apoyo y lo subrayo.
Cuando vemos los libros que nos envía no aparece nunca un solo anuncio de ninguna empresa privada ni de ninguna institución gubernamental, lo cual significa que jamás persigue dinero con tales publicaciones y su distribución a través de los correos de todas aquellas personas que conoce o estaría por conocer.
Cuando vi aquello por primera vez, pues me encantó. Y si alguien entiendo que estoy promoviéndolo, perfecto. Es verdad. Porque al hacer estoy tratando de reconocer el
“mérito merecido” de quien hago. En esta caso, Aquiles Julián.

lunes, 12 de abril de 2010

Sobre algunos principios

Cada día me convenzo de la necesidad que tenemos de aprender a pensar con efectividad: ser eficiente y ser efectivo. Y así, aprender a resistir, y aprendido estos dos elementos, lograr alta motivación, una motivación constante. Podemos tener claro el camino, la ruta a seguir, pero perdemos con mucha facilidad la motivación para cumplir exitosamente nuestros retos. Luego, tenemos que aprender a cómo aprender para entonces desamprender aprendiendo de lo nuevo. La otra cosa clave es aprender a comunicarnos consigo mismo y con los demás. En pocas palabras, cinco cuestiones capitales básicas.