martes, 27 de julio de 2010

Un enemigo en el cacao

Cuento
angel barriuso, julio 2010.

De pronto estaba ahí, cual sombra inconclusa. Un rostro sin códigos y sus brazos abiertos cual cruz medio quebrada. Corrí despavorido. Recuerdo al niño, quizás once años, medio perdido entre arbustos caminando hacia la parte trasera de la casona, ubicada ésta próximo a los cacaos, quizás creyendo que la madre estaba esperándolo justo en medio de la finca. Sólo escucha su voz. Miro hacia los lados, nada veo excepto aquella figura inamovible, terriblemente serena y medio despeinada, quizás un sombrero roído cubriría su cabeza, porque estoy suponiéndolo porque el miedo sacudió mis sentidos porque lo sensorial quizás quedó medio desconectado del entorno o tal vez el entorno está dentro de mi, y me apresa, inhabilita, y estoy convencido de que me deja circunstancialmente tieso. Cuando intento correr en dirección contraria, siento que paralelo a mis movimientos hay otros cuerpos ahora enormes, y de iguales particularidades. Apenas respiro pero cuanto más anhelo es refugiarme en la falda de mi madre, a quien no logro ver por ningún lado. Oigo ruidos, pisadas que creo quiebran palos y ramas secas. Creo que es la vaca del abuelo. La roban, Abuelo, le diré. La vaca, Abuelo, es la vaca, Abuelo. Muchos sonidos y ruidos, pienso hoy, me despistaron; el niño aquel de once años, qué podría imaginarse, tal vez la tierra lo engullía, yo resistiéndome, perseguido, acorralado. ¿Qué será, quiénes quieren hacerme daño? ¿Será a mamá a quien quieren robar? ¡Son muchos! Los enemigos son muchos y avanzan en silencio, fijan los brazos y el sombrero, vestidos todos a un mismo color, los mismos tipos de pantalones. Caminan iguales. ¿Quiénes son, qué buscan? ¡No…….!, y el niño quiere gritar, cree que la voz, su voz se ha apagado, cree abrir la boca, gritar a todo pulmón. Sin embargo, jamás escucha nada, absolutamente, ni siquiera recuerda de dónde provenían las palabras de su madre, que en algún momento sintió escuchar. ¡Ma, ma, maaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Y sigue corriendo medio fatigado. Ve que los cuerpos feos, de pelos despeinados, con sombreros sucios y rotos, están cada vez más cerca de mí. Siento que todo está tan oscuro que me siento solo, sin nadie ni casas, ni camino, una nube negra y nada más. Estoy metido en un túnel probablemente sin salida. Me atacan, nos atacan, nos roban, quieren matarme. ¿Quiénes son? ¿Cuántos son, de dónde vienen? Me imagino seguir en el camino, corriendo sin descansar. No veo luz, no veo la casa, no veo a mamá ni mi abuelo. Voy corriendo sin ver, cuando de pronto quedo metido entrepiernas, sintiéndose arropado por una tela. ¿Qué pasa mi hijo, qué te pasa? Gime, no logra articular ningún sonido. ¿Qué te han hecho, mi niño, dime, qué te han hecho? Solloza, y algunos monosílabos escucha la madre. Me, me, me….. Cálmate, calma… y lo abraza, lo besa, lo mima….me, me, me…. Si, ya, lo se….me persiguen, hay alguien ahí, hay muchos hombres malos ahí. La madre ojea, nada. El niño suda frio, tiembla. ¿Quién está, dónde está, qué te ha pasado? Y el niño respira, lo siente la madre cuando el niño avienta sus pulmones, y la voz es otra. Es que hay alguien allí y por allí hay otro. Ahí vienen, corre, corre. Son feos, mamá, son feos y quieren hacerte daño, quieren hacerme daño. La madre intenta mantenerlo en el mismo lugar. Vamos, enséñame. Al final, hasta donde pueden ver sus ojos, la madre no logra distinguir a nadie, a ningún humano. Es por aquí, mi niño, es por aquí. Y la madre supone el hecho, lo qué habría ocurrido. ¡Míralos, no, no, no vayas…! No es nada, es nadie. ¡No, no, no, no quiero….son ellos, nooooooooo! La madre, valiente, ya en el fondo del patio, justo debajo de unos cacaos, le arrebató el sombrero a uno de los enemigos, y lo hizo con furia, decidida contra las sombras feas. ¡Mira, mi niño, mira! Y quise hacerlo, quise mirar! No es lo crees, mira mi hijo. Pero la noche le impedía a aquel niño mirar en paz lo que su madre mostraba con algo de calma y temple. Son amigos, mi niño, son amigos. ¿Qué, qué? Que son amigos. ¿Quiénes, quiénes, mamá? Estas no son personas, son otra cosa. ¡Qué?! Sí, no son personas, están aquí cuidándonos, cuidan lo que hemos sembrado. ¿Cómo, mamá? Si, mi niño. Espantan a los pájaros, los ahuyentan para que no vengan nunca a picar, a comerse nuestros alimentos, sólo hasta el momento en que se los demos. Y los pájaros vuelan, pocas veces se acercan, sólo vienen cuando los llamamos para alimentarlos de lo que podemos darles. ¿Quién, quien? Son muñecos, mi niño. Míralos, son muñecos, y están paralíticos, no se mueven, no corren no caminan, no hablan, pero espantan, asustan. Ves, tócalos. Y mientras entrábamos a la casa estoy seguro que uno de los muñecos movió los brazos. Mamá no dijo nada.

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